por Serguey Shinder
Durante años tuve listas de tareas cada vez más largas y una sensación cada vez más honda de no llegar a nada. Añadía y añadía, tachaba poco, y la lista crecía más rápido de lo que yo podía vaciarla. Vivía con una deuda permanente de cosas pendientes que me miraban desde la pantalla, y ninguna cantidad de esfuerzo parecía suficiente.
El error, tardé en verlo, era creer que el problema era de capacidad. Pensaba que si trabajaba más, más rápido, más ordenado, algún día alcanzaría el fondo de la lista. Pero la lista no tenía fondo. Siempre cabía una tarea más, una idea más, un « estaría bien también ». El mundo produce cosas por hacer más rápido de lo que nadie puede hacerlas. La lista de tareas no era un plan; era un pozo sin fin, y yo intentaba vaciarlo con un cubo.
Lo que cambió mi manera de trabajar no fue una lista mejor de lo que iba a hacer. Fue empezar, por primera vez, una lista de lo que había decidido no hacer. Cosas razonables, útiles, que en otro momento habría aceptado sin pensar, y que decidí, de forma consciente, dejar fuera. No « algún día »; no. Cada « no » a algo bueno era un « sí » protegido a lo poco que de verdad importaba.
Fue más difícil de lo que esperaba, porque casi nada de lo que descartaba era malo. Descartar lo malo es fácil; lo malo se cae solo. Lo duro es descartar lo bueno para dejar sitio a lo esencial. Decir que no a una oportunidad legítima, a una tarea sensata, a algo que en abstracto merecía la pena, solo porque no cabía junto a lo que de verdad debía hacer. El foco no se construye eligiendo entre lo bueno y lo malo. Se construye eligiendo entre lo bueno y lo importante.
Con el tiempo entendí que decidir no hacer algo es una de las formas más altas de foco. Mientras todo sigue siendo « quizá », todo compite por tu atención, y la atención repartida entre todo no alcanza para nada. Un « no » claro cierra esa competición. Retira la tarea del ruido de fondo y te devuelve la cabeza entera para lo que queda.
Hoy cuido mi lista de no-hacer con más celo que la de hacer. La primera protege a la segunda. Y he aprendido que mi día no lo definen tanto las cosas que elijo perseguir como las muchas, buenas y tentadoras, que elijo dejar pasar.
– Serguey Asael Shinder
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