La copia de seguridad que nunca probé

por Serguey Shinder

Teníamos copias de seguridad. Corrían cada noche, marcaban su casilla verde, y a mí eso me bastaba para dormir tranquilo. Nunca había restaurado ninguna, pero tampoco creía que hiciera falta: el trabajo estaba hecho, el aviso decía « correcto », ¿qué más había que comprobar?

Lo descubrí el día que las necesité de verdad. Algo se perdió, fui a recuperarlo desde la copia con toda la calma del mundo, y la copia resultó inservible. Llevaba meses ejecutándose « con éxito » mientras guardaba datos incompletos. El proceso terminaba bien; lo que escribía no valía. Como nadie había intentado nunca restaurar, nadie lo sabía. La primera prueba real de aquella copia fue también el primer desastre real, y falló en ambos a la vez.

Esa fue la lección que reordenó mi forma de pensar en la seguridad de los datos: una copia que nunca has restaurado no es una copia, es una esperanza disfrazada de copia. La casilla verde no prueba que los datos sean buenos; solo prueba que el proceso terminó. Y entre « el proceso terminó » y « puedo recuperar mi sistema » hay una distancia que solo se cruza probándolo.

Desde entonces, trato la restauración como parte del propio respaldo, no como algo que se hace « si acaso ». La programo como cualquier otra tarea crítica: recupero una copia en un entorno seguro, confirmo que está completa, mido cuánto tarda. Así, el día que de verdad la necesite, no será la primera vez que la pruebo.

Nada de esto es emocionante. Pero las peores historias de datos que conozco no empiezan con un ataque brillante; empiezan con alguien que confió en una casilla verde que nunca había comprobado. La copia que no pruebas es una pregunta, no una respuesta. Pruébala, y conviértela en algo con lo que de verdad puedas contar.

– Serguey Asael Shinder

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